domingo, 16 de enero de 2011
Gracias a ti
Gracias por regalarme un poquito de tu luz y sin intencion ni conocimiento, con tu constancia fortalecerla como para lograr hacerme brillar...yo comencé a seguir tu ejemplo y tú, conciente de tu perfección, dictaste lecciones en mi corazón; en ocasiones con fuerza, pero con control, intensificaste tu brillo con besos, perfectas armonías de pasión y otras con marañas de dolor que parecían imposibles de desenredar desde afuera, pero me llevaste de la mano y nos sumergimos dentro y con paciencia desatamos nudo por nudo. En otras ocasiones hiciste goteras nutridas con lágrimas de sufrimiento al sentirnos apartadas e incompletas y también con lágrimas de felicidad como cuando sabemos que entre nosotras no existe el resto del mundo y cuando hacemos realidad algunos de nuestros tantos suenos...estas goteras hicieron el brillo menguar, pero jamás lo hicieron ni lo haran desaparecer, al contrario, a pesar de su existencia la luz siempre estuvo ahí, a veces un poquito menos resplandeciente...pero siempre con la fuerza necesaria como para iluminarnos el camino y jamás quedar a oscuras; de igual forma su intensidad, a pesar de ser imponente, jamás ha logrado encandilar como para hacernos cerrar los ojos o desviar la mirada. Siempre tu brillo nos deja pistas por el camino correcto, el que debemos transitar...y como toda una experta, precavida y cuidadosa, antes de emprender el viaje me diste un poquito de tu luz y me ensenaste a brillar para asegurarte de que si alguna de las dos se apagaba, la otra estaria ahí, para no perderse en el camino.
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